Identidades y accesos en la superficie de ataque empresarial
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Actualmente, el mayor riesgo ya no está en la infraestructura, sino en identidades y accesos que crecieron sin el mismo nivel de control.
En 2026, muchas brechas de seguridad ya no comienzan con un exploit sofisticado ni con una falla técnica compleja. El punto de entrada suele ser mucho más simple: una identidad mal gestionada o un acceso que nunca se revisó. A medida que las organizaciones adoptan nube, SaaS, trabajo remoto e integraciones con terceros, las identidades se han convertido en el nuevo perímetro.

Cada usuario, cuenta de servicio, token o integración amplía la superficie de ataque. Sin embargo, a diferencia de la infraestructura tradicional, estas exposiciones no siempre son visibles ni fáciles de mapear. Cuando los accesos crecen más rápido que los controles, el riesgo se acumula sin que nadie lo perciba claramente.
¿Qué son las identidades y accesos en la superficie de ataque?
Dentro de la superficie de ataque, las identidades y accesos representan todas las formas en que personas, sistemas y servicios se autentican y obtienen permisos para interactuar con recursos tecnológicos. No se trata solo de usuarios finales, sino de cualquier entidad digital con capacidad de acceder a información o ejecutar acciones.
En la práctica, este ámbito incluye identidades humanas, cuentas privilegiadas, cuentas de servicio, integraciones automatizadas, credenciales, claves de API y mecanismos de autenticación que permiten el acceso a aplicaciones, datos e infraestructura. Cada uno de estos elementos, si no se gestiona adecuadamente, puede convertirse en un punto de entrada silencioso.
Principales dimensiones de identidades y accesos
Las identidades y accesos suelen distribuirse en varias capas que se superponen entre sí.
Identidades humanas: Usuarios internos, remotos, temporales o externos que acceden a sistemas corporativos, aplicaciones en la nube o plataformas SaaS.
Identidades técnicas: Cuentas de servicio, automatizaciones, scripts, integraciones y procesos que operan sin intervención humana, pero con permisos amplios y persistentes.
Accesos de terceros: Proveedores, socios, integradores y plataformas externas que requieren conectarse a sistemas críticos para operar o intercambiar información.
Mecanismos de autenticación y autorización: Contraseñas, MFA, tokens, certificados y políticas de permisos que definen qué puede hacer cada identidad y hasta dónde llega su alcance.
Cuando estas capas crecen sin un control coherente, la superficie de ataque se expande de forma desordenada.
¿Por qué es un tema crítico para las empresas?
Riesgo acumulado
Cada identidad activa representa una posible vía de acceso. El riesgo no suele estar en una sola cuenta crítica, sino en la suma de accesos innecesarios, permisos heredados y cuentas que siguen activas aunque ya no deberían existir.
Continuidad del negocio
Un acceso comprometido puede escalar rápidamente y afectar sistemas clave. Cuando una identidad tiene más privilegios de los necesarios, el impacto de un incidente puede propagarse y detener procesos esenciales para la operación.
Cumplimiento y presión externa
Auditorías y regulaciones ponen cada vez más atención en quién accede a qué y bajo qué condiciones. La falta de control sobre identidades y accesos suele traducirse en hallazgos recurrentes y explicaciones difíciles de sostener.
Costos invisibles
La gestión reactiva de accesos genera sobrecarga operativa, reprocesos y gastos innecesarios. Sin visibilidad clara, las decisiones de inversión se toman sin una comprensión real del riesgo asociado a las identidades.
¿Cuándo se vuelve necesario gestionarlo?
Existen señales claras de que el riesgo asociado a identidades y accesos ya es relevante:
Crecimiento acelerado de aplicaciones SaaS y servicios en la nube
Uso extensivo de accesos remotos y trabajo distribuido
Integraciones frecuentes con terceros y proveedores
Dificultad para saber cuántas cuentas privilegiadas existen
Procesos manuales para altas, bajas y cambios de accesos
Cuando no es posible responder con certeza quién tiene acceso a qué y por qué, la gestión de identidades deja de ser un tema operativo y se convierte en un riesgo estructural.
¿Cómo gestionarlo de forma efectiva?
La gestión de identidades y accesos debe entenderse como un proceso continuo, no como un proyecto aislado.
1. Visibilidad real de identidades y permisos: El primer paso es identificar todas las identidades existentes, humanas y técnicas, junto con sus permisos reales. Esto suele revelar accesos redundantes, cuentas obsoletas y privilegios innecesarios.
2. Relación con procesos de negocio: Cada acceso debe tener un propósito claro. Entender qué procesos dependen de qué identidades permite priorizar controles sin afectar la operación.
3. Reducción progresiva de privilegios: Eliminar accesos que ya no se usan y ajustar permisos al mínimo necesario reduce la exposición sin introducir fricción innecesaria.
4. Controles consistentes y automatización: La automatización en altas, bajas y cambios ayuda a evitar errores humanos y a mantener coherencia a medida que el entorno crece.
5. Monitoreo y revisión continua: Las identidades cambian constantemente. Sin revisiones periódicas, cualquier control pierde efectividad con el tiempo.
Dato clave: Según el Verizon Data Breach Investigations Report, más del 60 % de las brechas involucran credenciales comprometidas, confirmando a las identidades como uno de los principales vectores de ataque.
¿Qué ocurre cuando no se gestiona?
Mayor probabilidad de incidentes con impacto operativo
Escalamiento rápido de accesos comprometidos
Dificultad para explicar el riesgo real a nivel directivo
Decisiones de inversión en seguridad poco alineadas al impacto real
Ignorar este frente no elimina el riesgo; solo retrasa el momento en que se manifiesta.
¿Cómo ayuda Ceico en este contexto?
Ceico acompaña a las organizaciones a entender su realidad de identidades y accesos, conectando tecnología, riesgo y procesos de negocio. El enfoque parte del contexto: qué accesos son críticos, cómo se utilizan y qué impacto tendría su compromiso.
A partir de ahí, se definen estrategias para mejorar visibilidad, ordenar permisos y establecer un modelo sostenible de gestión de identidades, alineado con la operación y la toma de decisiones.
En 2026, las identidades y accesos se han consolidado como uno de los puntos más sensibles de la superficie de ataque. Gestionarlos no significa restringir indiscriminadamente, sino entender, ordenar y controlar los accesos de forma consciente.
Dar el primer paso implica asumir que la visibilidad sobre identidades es un activo estratégico. A partir de ahí, la gestión se transforma en un proceso continuo que reduce riesgos, protege la operación y mejora la calidad de las decisiones.







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